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sábado, 3 de junio de 2017

Beneficios del huerto urbano




Se ha puesto de moda, pero tener un huerto urbano es algo más que cuatro macetas.

Se trata de involucrar a los pequeños en el proceso de cuidado y crecimiento de una planta.
De que le den importancia a la alimentación saludable, y conozcan sus beneficios.

No es  una actividad en la que se pase Jaume toda la tarde y evite que quiera ver la televisión. Creo que hay que tener tiempo para todo y sobretodo que no se cansen o se trate como si fuera un obligación de primer grado. Pero de alguna manera adquiere una responsabilidad.


Atender una huerta, para ellos es divertido, sienten que son capaces pero tener capaces es vital, tanto en la función de cuidado como la de espera para ver el fruto.

Casi sin querer aprende la lógica del campo, que hay que regar, que esto se hace a determinadas horas, en función de la estación del año... En verano por la noche, para que no se evapore el agua con el calor, y en invierno por la mañana, para que no se hiele por la noche y perjudique a la planta.


Evidentemente aprenden sobretodo, por las cosas que ven a su alrededor. Cómo lo hacemos los mayores, aprenden imitando , copiando jugando... tiene que ser una mezcla de todo.


Este año cuando iba a plantar, a él no le apetecía.


Así que no le obligué en absoluto, me dejé mi regadera, un cubo con agua, la tierra las semillas, las palas , y cuando me despisté  la gata se puso a rebozarse con la tierra recién abierta del saco y me puse a reir . A Jaume esto le pareció divertido. Se quedó cerca con sus coches y me miraba de reojo. Yo hice como que no le hacía caso. No quise estropear el acercamiento.

Sin decirle nada, empezó a repetir lo que yo estaba haciendo.

Así que yo se lo explicaba en voz alta a la gata, que se tumbó frente a mí con la esperanza de rebozarseotra vez , a la que me despistara, y el peque iba tomando nota haciendose el disimulado.

Se lo expliqué a Ona paso a paso, escuchando las risitas del jovenzuelo de detrás.

Cogía la maceta, la llenaba de tierra ponia un puñadito de semillas, tapaba con tierra, y con un rotulador de colores anotabamos en un palo de helado lo que habiamos plantado.

Cuando me giré, tenía un desastre de cuidado....  pero las macetas tenian sus semillas y sus nombres. Y un gran charco de agua alrededor también.

Que pillín !! - le dije, y me dí cuenta del poder que tenemos cuando no nos desesperamos de que ensucien o no sigan las pautas.

Pero se trata precisamente de que descubran las texturas, los colores de las semillas,  los olores... y que disfruten de ensuciarse. Se trata de que hagan ellos las preguntas, que su cabecita vaya organizando toda la información.

Evidentemente ese día el agua de la bañera era negra como el carbón, pero lo primero que hizo al día siguiente cuando vino del colegio,  fué pasar de la tele y regar las plantas. Iba tachando de un calendario los días que faltaban para ver las primeras hojas y sin darnos cuenta pasaron quince días y ya teniamos estas preciosidades a puntito para transplantar a una maceta más grande.

Y  nos llevó a iniciar un bonito proyecto para su clase que os contaré en el próximo post! 



 



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